Supongo que se me ha olvidado regresar al presente y sin quererlo me he quedado atascada en la negación de hace unos meses. Esta intención de controlar todos y cada uno de los sucesos que hay a mi alrededor ha dado como fruto un agotamiento general seguido del hastío y la falta de ilusión que provoca no creer en nada.
Y es que no dejo de sentir que me estoy equivocando y que, probablemente, controlarlo todo no sea la solución. Existe algo de sabroso en la incertidumbre y en dejar una puerta abierta a los puñales. O esa es la conclusión a la que llego tras varios expermientos ensayo-error.
También creo que he perdido el norte obsesionandome con cerrar todas las puertas a mi paso, aunque diga que tienen permanentemente colgado un cartel de 'abierto'. Pero de qué me sirve ponerle contraseñas a la vida. A nadie le importa acceder a los demás como me puede imporar a mí. Y es normal, es lo normal, triste y normal. Lo normal es, como dice la canción, ser islas... pero nunca demasiado lejanas. "We are islands, but never too far, we are islands."
Bueno, volviendo unas líneas atrás, enfoco una puerta abierta como un foco infeccioso por donde puede entrar cualquier cosa mala. A priori supongo que dejar las puertas abiertas sólo puede provocar cosas malas. Es una premisa de la que no me siento orgullosa. No. No.
Siento también la rigidez de los años sobre mí. Esa flexibilidad que un tiempo atrás me permitía experimentar cada mes una personalidad distinta. Explorar gustos. Descubrir.
Hace tiempo que no descubro nada. Y no pretendo volver a ese punto. Los años que pasan han pasado y no se puede ser permanentemente adolescente. Aunque ahora más bien veo que uno es adolescente hasta los 30.
Lo que sí echo de menos es el centrarme en mi. No en mí respecto del resto. Sino sólo en mi, y sentir que son otros los que me miran y no que soy yo quien mira a otros. En la realidad nadie mira realmente a nadie, es todo un mallado interconectado, pero en cuanto a la percepción subjetiva es importante saber cuál es tu posición relativa.
Y ahora mismo me veo a mi en un punto medio y rotando sobre mi eje para poder ver todo lo que hay, delante y detrás, a un lado y al otro. Qué diablos, me mareo, me mareo mucho. Con razón he perdido el norte, el sur y todos los puntos cardinales que en otro momento tenía claros, aunque no lo supiera.
Es dificil ponerse en el otro punto. En el punto en el cual yo soy yo y me miran, bien o mal, pero me miran... y lo que uno tiene que ver es exclusivamente una linea recticurvilinea por recorrer.
Ay... si a quien maté una vez levantara la cabeza. Porque la gente muere muchas veces antes de morir de verdad. Mueren sus gustos, o sus aficiones, y nacen otras. Otras veces uno es matado por otros con quienes ya no se lleva bien. (Al menos yo, mentalmente, 'mato' a la gente que ya no me interesa, es la única manera que tengo de superar el dolor... llevarlo a un punto más profundo, más irreversible... Y es una forma de hablar claro, no hablo de matar a nadie en un sentido estricto, sólo en un sentido de desaparición).Yo yo me he matado, algunas veces a propósito y otras ha sido sin querer. Pero he fallecido unas cuantas veces... luego cual ave fénix vuelvo a surgir en una versión (n+1).0
El problema de morir sin darte cuenta es que lo haces poco a poco. En espacios diferenciales de tiempo. No hay nada que haga sospechar que te vas diluyendo, y cuando surgen los primeros síntomas de que vas a desaparecer, es demasiado tarde. La gente no te aguanta y tú no aguantas a la gente. O se ha ido al carajo un curso entero. O lo que creias que era una amistad sólida ya no te llama. En fin... síntomas que tengo: hastío, cansancio, desdén, rabia, ganas de no-llorar (que son peores que las ganas de llorar).
Rabia... la rabia es lo que peor llevo. Nunca sabes de donde viene hasta que ha explotado todo. Te provoca incoherencias éticas y emocionales. Incoherencias que saturan a quienes las escuchan y que, por ello, vuelven a provocarte rabia.Te vas alejando así poco a poco del foco emisor de la rabia, y al final siempre pagan justos por pecadores.
En mis reflexiones no he sido capaz de llegar a ninguna conclusión al respecto de mi rabia actial, quizá por eso estoy aquí escribiendo, por si me aclaro. Sólo he podido llegar a algunas conclusiones:
- En el centro del círculo en que me encuentro, yo giro y doy vueltas intentando verlo todo. Estoy mareada. Estoy cansada. Agotada.
- Tengo la certeza de que la rabia procede de desear una reciprocidad en esas miradas. Quiero verlo todo, pero que a la vez me vean a mi. Emocionalmente eso es imposible, si los sentimientos están descompensados nunca voy a sentir que me miran, aunque lo hagan. Y ahora mismo tengo los ojos abiertos de par en par como medida de seguridad. Son cosas incompatibles.
- Nunca. Y que esto se me meta en la cabeza. Nunca voy a volver a entablar amistad de manera rápida con nadie nuevo. Nunca. La gente, al igual que yo, se ha vuelto más rígida y... ¡NO! Esto es lo que más rabia me produce. La gente es rígida. Y así me comporto yo. Pero en el fondo no quiero ser tan rígida, es solo que su rigidez me provoca un rechazo y... es una caos... no soy capaz de entender nada y me estoy volviendo loca. No sé quién sois, sólo conozco lo que vosotros queréis proyectar de vosotros.
--> Así como yo cierro mis puertas dejando un cartel de "abierto" en ellas. Quiero parecer una cosa, pero no puedo evitar cerrarme a muchas otras cosas.
¿Qué hacer cuando el propio problema es la causa del problema? Podría pensar que se elimina sin más, pero no es posible.
... algo hemos avanzado...
